Equilibrar el foco de la gestión

En Psicología se habla de personas con “locus de control interno” y “locus de control externo”, según que su atención esté dirigida a lo interior o al exterior. Lo mismo pasa en las empresas, como seres vivos que son, pueden centrarse en lo interno o en las circunstancias externas y el entorno, como tendencia prioritaria (lo habitual es un mix…), pero siempre el foco está más acentuado hacia uno de ellos.

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Especialmente en los últimos meses, por la incidencia del COVID en nuestras vidas, aunque ya era algo muy generalizado anteriormente por las nuevas tecnologías, entorno VUCA, globalización, etc…, se hace mucho hincapié desde muchas fuentes de consultoras, redes profesionales, webinars diversos, etc…, en los factores externos de la estrategia, en la necesidad de estar en constante cambio, con la percepción muy dispersa.

Pienso que la tendencia al énfasis en las circunstancias externas, siendo importante, se está exagerando y que la balanza se está inclinando peligrosamente a volcar la atención a lo que sucede fuera, hacia ese cambio continuo y hacia la pérdida de percepción de lo interno. En este momento el cisne negro del COVID, lógicamente ha acrecentado esta tendencia (pero esperemos que más pronto que tarde, desaparezca esa variable inesperada).Y eso tiene sus peligros…

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Tampoco, entiendo que estemos ante un cambio de paradigma revolucionario del status empresarial en general, en palabras del casi desconocido hoy en día, y para muchos, uno de los más importantes filósofos de la ciencia, Thomas Khun (https://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Kuhn). Simplemente ante una evolución, dentro del paradigma existente actualmente. Como comenté en un post reciente: caballo, arado, persona, campo. La esencia y el proceso de la actividad empresarial, no ha variado mucho.

La incertidumbre genera siempre miedo y ansiedad. Vencerla exige un análisis objetivo, claridad, responsabilidad, acción y decisiones. Es cierto que los humanos aceptamos mejor las mentiras o auto-mentiras que la incertidumbre. La mentira (en este caso le doy el significado de ilusión/percepción poco racional o con déficit de análisis objetivo de las oportunidades que ofrece el entorno-mercado) nos tranquiliza, calma nuestra ansiedad, porque nos exime de responsabilidad y la aceptamos con cierta facilidad (aunque pueda generarnos alguna duda a veces…).

La asumimos para mantener nuestro status quo interno (teoría de la disonancia cognitiva, del también prestigioso psicólogo León Festinger ( https://es.wikipedia.org/wiki/Leon_Festinger ).

Complementariamente, el contrapunto a la incertidumbre es la certidumbre. Y sólo es posible conseguirla, si tenemos muy en cuenta nuestros factores internos. Conocernos, identificar debilidades y fortalezas, tener claras las ideas y objetivos, y actuar con unos recursos y planes realistas y adaptados a la realidad percibida en el mayor alcance posible.

Sócrates incidía en “conócete a ti mismo” como base fundamental para enfrentar las situaciones y la vida. Buda recomendaba seguir el camino del medio. El equilibrio entre lo interno y lo externo. Balancear nuestra atención entre lo interior y los estímulos externos. Ni ermitaños, ni veletas. Atención Plena.

La realidad tiene muchas aristas, es poliédrica, e imposible de controlar, como estamos comprobando últimamente. Perderse y diluir nuestros esfuerzos y recursos es fácil, si no hay un foco centrado, unos cimientos sólidos sobre los que sustentar nuestras acciones.

Quizás esta reflexión no está totalmente en línea con algunas de las tendencias actuales de volcarse más en las amenazas y oportunidades del entorno. En mi opinión: foco centrado en lo interior, cimientos sólidos, reforzar nuestras fortalezas, disminuir nuestras debilidades, y a partir de ahí, exploración del medio, y con claridad, seguridad, y atención focalizada, afrontar los retos que nos ofrece la realidad, aunque eso a veces pueda suponer fracasos. Esto también fortalece nuestro conocimiento y aprendizaje, siempre que sean controlados y analizados como oportunidad de mejora personal y organizacional.

Esto aplicado a la Gestión de Personas, sea cual sea la estrategia global de la Empresa (defensiva o expansiva), exige mirarnos el “ombligo”, determinar las competencias claves que requerimos en línea con nuestra estrategia, analizar nuestro capital humano desde esa óptica, reforzar nuestras fortalezas y trabajar en la mejora de nuestras debilidades competenciales. Y crear procesos de gestión de personas que aseguren el éxito mantenido en el tiempo de los planes de acción definidos. Es un buen reto, atractivo y complejo, necesario para avanzar con serenidad y afrontar el futuro y las circunstancias externas con confianza.

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